Tiempo de oración

Santa Señora, Madre del Hijo, y Santo Padre Francisco.

Ambos los saben: soy un cristiano muchísimo imperfecto. Podemos francamente hablar de un mal cristiano. Mi alma está llena de pecados. Está más sucia que mis ventanas.

Mi vida no fue una vida de un santo, aunque los santos también pueden seguir pecando, pero Dios los ha perdonado.  

Además, no  estuve siempre honesto y fiel con la gente y mi mujer.  No estoy seguro también de que fue un buen padre para mis hijos. Seguramente hay hombres ordinarios, mejores que yo. 

Al final, no creo ser digno de  para tener un pequeño lugar en el cielo.

No tengo muchas excusas, pero siempre he pensado de no ser amado por mí y que la gente me ama por lo que puedes hacer por ella. Este pensamiento conducía a muchas decepciones y frustraciones en mi vida, y mucha soledad.

Ahora, en el ocaso de mi vida, mi salud está empezando a fallarme. Os pido humildemente que seáis mis abogados ante Dios y su Hijo.

Me gustaría quedarme unos años más para ayudar a mi mujer que poco a poco está perdiendo la cabeza. ¿Crees que el Padre Celestial aceptaría?

Os agradezco de antemano a ambos vuestra intervención. Si Él no quiere darme el coraje para afrontar todo.

Amén.

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